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21 de noviembre de 2014

Arthur and Martha: Estrellas del dream pop



He de confesar que he tenido que hacer un ejercicio de autocensura para no titular esta entrada como realmente había previsto: “Navigation de Arthur and Martha os va a cambiar la vida”. Sobre todo porque lo siguiente hubiese sido copiar y pegar hasta la saciedad el título descartado e ir intercalándolo con el vídeo de la canción en cuestión. Pero hablar de Arthur and Martha es diferente; es de esos grupos que le recomiendas a una persona especial, así que no puedo dejar que mis desvaríos pop les eclipsen. Aunque, lo confirmo, “Navigation” os va a cambiar la vida. Porque, amigos y amigas, lo que vais a descubrir a continuación va a ser una epifanía que os hará replantearos quiénes habéis sido todo este tiempo. De hecho se comenta que aunque por motivos comerciales decidieron usar el divorcio como punto de inflexión vital, en realidad “Come, reza, ama” está basada en lo que le sucedió a Julia Roberts después de escuchar por primera vez a Arthur and Martha.

Ellos estaban llamados a ser el adalid del dream pop (aunque ellos se describan como robot pop), los nuevos The Postal Service, los amos y señores de los sintetizadores y, por ende, de nuestro corazón. Pero decidieron no seguir ese camino y hacerse un Family, véase sacar un primer y único disco en 2009 y desaparecer de la faz de la tierra.



Ese disco, “Navigation” (Robot Records, 2009), se convirtió casi de inmediato en uno de los discos de mi vida y eso es algo que podría decir de cuatro o cinco discos. No son cosas que me tome a la ligera. Arthur and Martha consiguieron lo improbable, editar un disco que más que bueno es único. El pop electrónico sigue celebrando que, unidos por su amor a los sintetizados analógicos y los sonidos mágicos que obtienen con ellos, se uniesen musicalmente.

Como buenos dreampoperos consiguen llevarnos a su universo, un cosmos paralelo en el que podemos crear y entender las cosas a nuestro antojo. Porque de ensoñaciones va el asunto. Y, sí, con “Music for hairproducts” o “Memory”, que serían los temas más inmediatos por su ritmo más animado, ya somos suyos completamente y nos dejamos arrastrar de buen agrado. Pero, para mayor algarabía de un servidor, es en los temas melancólicos donde obtienen la perfección más absoluta y nos llevan a un estado de éxtasis en el sentido más literal y teísta de la palabra. Porque en la doctrina de la melancolía pop se profesa adoración a “Navigation". Y no os dejéis engañar porque me centre en esta canción, el disco al completo es una maravilla, pero “Navigation” sí se puede permitir el lujo de eclipsar todo lo que haya a su alrededor, tanto musical como materialmente.

            

Decía antes que Arthur and Martha son esa clase de grupo que recomiendas a alguien especial, pero esta canción en concreto es la que le recomiendas a una persona sabiendo que su reacción va a ser enamorarse de ti y pedirte matrimonio.

Recordemos que la melancolía no ha de entenderse como un sentimiento negativo. Es más que disfrutable y un ejercicio de placer e intimidad en su totalidad y esta canción llega a los niveles más altos de melancolía. Si el otro día hablábamos de canciones que hacen que te sientas como si un puño oprimiese tu corazón, esta sería la madre de todas ellas. Se trata de una especie de precuela de “¿Qué nos va a pasar?” que habla del momento en el que te das cuenta de que acabas de cruzar el punto de no retorno en una relación, que ya se ha terminado todo y no sabes cuándo ha pasado.

Para cuando ha terminado tu corazón ha sido comprimido y exprimido. Al escucharla viajas, durante esos casi seis minutos solo existís la canción y tú. Evoca momentos no vividos, vividos y por vivir. Te recuerda a las tardes de domingo en las que ha empezado a anochecer sin que te hayas dado cuenta; a las despedidas con un amante al que no sabes si vas a volver a ver, o si quieres volver a verle. Da igual que no hayas vivido esos momento, los recuerdas.

Siempre he creído que “Navigation” no se puede escuchar en cualquier momento. Tienes que darle su tiempo, dejar que destaque y brille por sí misma. Lo hará.

18 de noviembre de 2014

Conversación con Bla



¿Conocéis esa sensación de admirar tanto a alguien que hace que te bloquees cuando le tienes enfrente? A mí me pasó en la frutería de El Corte Inglés.

Había coincidido con Belén y Luís varias veces pero, por vergüenza, siempre había intentado esquivar las conversaciones personales y, así en general, no me había ido tan mal la jugada. Hasta que me encontré de cara con Belén enfrente de los tomates. Tenía que saludar e intentar parecer una persona normal porque no me pareció apropiado el “¡Hola! ¿Qué tal todo? Hablando de todo un poco, 'La falta básica' me parece de los mejores discos de 2013” que había barajado en un primer momento. Así que me pareció bien cambiarlo por un “¿Qué tal?, ¿comprando tomates? Pero si aquí están carísimos”. Y tal que así se inició un pequeño debate sobre la relación calidad/precio de las fruterías del barrio que conseguí zanjar tras tan bochornosa muestra de verborrea nerviosa recomendándole mi frutería de confianza.

Para la entrevista decidí dejarme llevar por mi alma de admirador y adoptar la postura que aquel día tan rápidamente deseché. Sí, la del fan loco. Porque Bla perfectamente podría protagonizar la sección “Grupos que no entiendo por qué no llenan estadios”. Han conseguido perfeccionar lo que me gusta llamar canciones que te hacen sentir como si un puño te oprimiese el corazón, temas melancólicos que parten de un sentimiento o una situación fugaces y los exprimen. “Mira lo que se oye cuando estamos callados” o “Tú fíjate” son claros ejemplos de eso. Luís reconoce que para él es más fácil dar a la melodía ese punto nostálgico: “Siempre de forma natural, también por mis gustos musicales, me voy hacia los tonos menores que llevan más a la melancolía. Estos años componiendo para L-Kan siempre tenía que volver atrás y usar tonos mayores. Entonces Bla para mí fue como sentirme completamente abierto”. Cierto es que en “La falta básica” (Elefant, 2013) tiene mucha más presencia el sintetizador. En “Ni hablar del sol”, que no es ni más ni menos que la “Perezosa y tonta” del S.XXI, nuestro corazón sigue oprimido, pero la disfrutamos y bailamos. ¿El resultado? La mejor canción del disco.


Sorprende especialmente en “Entrenadora de penas” la naturalidad con la que Belén hace un ejercicio de autorreflexión sobre el momento en el que nos fustigamos a nosotros mismos emocionalmente: “Encantadora de penas es...mi interior”. Consigue una letra en la que lo íntimo encaja perfectamente con decir que se vuelve terrorista. “Es como una metáfora perfecta que me encaja. Yo soy súper hipocondríaca, súper obsesiva. Entonces me voy machacando a mí misma. Me parecía que describía lo que pasa”. Yo hubiese atribuido esa metáfora a un intento por no resultar tan directa a la hora de hablar de sus emociones debido a su fama de mujer tímida pero, entre risas, parece sorprenderle: “Yo sí pienso que soy tímida, pero no pensaba que daba esa imagen”.

Desde luego sobre el escenario no la da. Para mí ella y Teresa Iturrioz (Single) son las divas del pop. En su día le pregunté a Teresa si lo sentía así y su respuesta fue la confirmación de que lo era: “Siempre he querido ser una diva del pop”. Obviamente tenía que repetir la fórmula y preguntárselo también a Belén: “Hombre, sí, digo lo mismo: siempre he querido ser una diva del pop. Bueno, te quiero decir, una diva del pop no me considero. Es la gracia que le veo a esto. Me mola estar en el escenario y hablar con la gente. Por eso los primeros conciertos con Bla eran un poco raros. Teníamos tan claro que tenía que ser de otra manera. Ahora ya no lo pienso; yo no. Que tiene que ser diferente sí, es otro grupo, pero no la actitud en el escenario. Es lo que te digo, a mí lo que me va es el rollo diva del pop”.

Porque aunque la gente se sigue empeñando en preguntarles qué es el indie, ellos son POP, en mayúsculas y si por mí fuese también con exclamaciones y sticks luminosos. Etiquetarles dentro del pop sería más difícil, ellos mismos no saben si referirse a sí mismos como tecnopop o pop independiente. Esta ambigüedad la remarca Luís al decir que pop podría ser toda la música. Pero la suya es diferente. No hay más que escuchar “Himno reaccionario” para tenerlo claro. Es un hit instantáneo y tan disfrutable que te dan ganas de saltar sin importar que estés en casa, en uno de sus conciertos o cruzando la calle.


Creadores de hits son desde el nacimiento de L-Kan hace casi 15 años, aunque parece que con los aniversarios musicales pasa como con las relaciones, que no se tiene muy claro si contar el aniversario desde la primera cita, el primer beso o la primera vez que os cogéis de la mano en público. Para él sería el momento en el que se gestó el grupo y para ella el lanzamiento del primer álbum. En cualquier caso parece que coincidirá con un nuevo disco después de aquel lejano, pero eterno, “Somos otra cosa” (Subterfuge, 2007) que incluía la mejor canción pop de la década pasada: “Todo lo que no”. “Tenemos como cinco canciones sin editar y la idea era hacer alguna más y algunas versiones que tenemos y a ver si las editamos”. Más lejano parece un nuevo disco de Bla del que de momento tienen algunas letras.

No tienen prisa; y nosotros tampoco mientras podamos seguir disfrutándoles en directo. La semana pasada resucitaron con L-Kan
¡Qué mutada!, proyecto que allá por 2002 lanzaron junto a La Monja Enana y Aviador Dro. Ya avisaban que iban a hacer la verdadera mutada. “Nosotros nos vamos a volver locos total y vamos a tocar muchas canciones de todos. Ya damos por hecho que va a ser un despropósito”. Me cuesta, pero me veo obligado a decir algo muy seriamente. Debería ser obligatorio ir al menos una vez en la vida a un ¡Qué mutada! Eso fue una fiesta, una reunión y un karaoke. Todo junto.

Este sábado 22 actuarán en la primera edición del ZGZ Popfest. Lo único que puedo aportar a título personal sobre ese festival es que al saber de su existencia y ver qué grupos actuaban mi cabeza estalló. Juntar a Doble Pletina, Bla o Sagrado Corazón de Jesús en un mismo festival es un regalo cósmico de navidad. “Es un poco que los grupos vamos porque queremos ir. Hoy por hoy un grupo como Bla que es una cosa pequeña o va porque quiere ir o se extingue y así con muchos grupos. Y nos apetecía ir; el cartel la verdad es que está muy guay”. Lo que se va a vivir este fin de semana no es un festival al uso, va a ser una reunión de gente unida por una misma emoción: vivir y compartir el pop.

En ningún momento conseguí comprender cómo puede ser que vivamos en un mundo en el que Bla es un grupo pequeño. La gente debería tratarles como las estrellas que son y acosarles por la calle obligándoles a salir de casa con pamela y gafas de sol para intentar pasar desapercibidos. Tampoco pude entender por qué le pregunté a Belén si había visitado la frutería que le recomendé en su día. Nunca lo hizo, pero esta vez me llevé su recomendación personal sobre dónde comprar los mejores tomates.